El principio del vacío

"Los taoístas pretendían que la humana comedia sería infinitamente más interesante conservando cada uno el sentido de la unidad. Según ellos, en conservar a las cosas sus proporciones y en hacer sitio a los demás sin ceder el propio estriba el secreto del éxito en el drama de la vida. Para poder representar bien nuestro papel, es necesario que conozcamos toda la obra; la visión de la totalidad no ha de ser ahogada por el egoísmo individual. Laotsé visibiliza esa idea con su metáfora del vacío. Sólo en el vacío, afirma, reside lo verdaderamente esencial. Hallaréis, por ejemplo, la realidad de una habitación no en el techo y en las paredes, sino en el espacio que esas entidades limitan. La utilidad de un botijo reside en el hueco que contiene el agua, no en la forma de la vasija o en la arcilla con que el alfarero la moldeó. El vacío es todopoderoso, porque puede encerrarlo todo. Únicamente en el vacío es posible el movimiento. Aquella persona que consiguiera ahuecarse hasta el punto de que pudieran en ella caber y entrar libremente todos llegaría a ser la dueña de todas las situaciones. El todo se halla siempre en situación dominante con respecto a la parte. Este ideario taoísta ha tenido una decisiva influencia en nuestra teoría de la acción y en nuestra esgrima de la lucha. Véase, si no, el jiu-jitsu. El arte japonés de la defensa personal debe su nombre a un pasaje de 'Tao Te King'. En el jiu-jitsu, el luchador se esmera en atraer hacia sí y absorber la fuerza del adversario por la no resistencia, o sea, por el vacío, reservando la fuerza propia para la embestida final, que es la que decide. Aplicando al arte el principio del vacío, alcanza su valor preponderante en la sugestión. No diciéndolo todo el artista, deja al espectador la ocasión de integrar su idea y es así como una obra maestra verdaderamente grande cautiva irresistiblemente nuestra atención hasta el punto de que creemos formar parte de ella. Descubrimos allí una cavidad, en la que podemos insertarnos y llenarla con la medida toda de nuestra emoción artística."

El libro del té, Okakura Kakuzo