La pincelada única

"A la técnica del vacío viene a unirse la de la pincelada única, en parte exigida por el material utilizado: el trazo del pincel sobre papel o seda no admite retoques. La ejecución ha de ser inmediata, y debe poder sugerir la idea en pocos trazos. Así lo entiende igualmente el poeta, pues su técnica tienda a proyectar una imagen en pocos versos breves. Los trazos inacabados, los espacios en blanco o la manera de "decir sin decir" permiten que la imaginación del receptor complete lo indicado. Lo fragmentario apunta a la totalidad mucho mejor que la obra terminada porque, sobre lo definitivo y completo, la mirada, teniéndolo que asumir, resbala, mientras lo inacabado la arrebata, invitándola a seguir el movimiento iniciado hasta acabarlo. El juego, por tanto, es doblemente creativo: el artista inicia el trabajo sugiriendo, y cada receptor lo completa interiormente. En esto consiste el gran valor de la abstracción en sus distintos grados, cosa que supieron entender muy bien los representantes del arte abstracto.

El vacío, en definitiva, no puede considerarse, en Oriente, como carencia ni como simple inexistencia de algo, sino, al contrario, como plenitud. Una plenitud que es tal por salvarse de las diferencias, por ser antes que ellas y subyacer en ellas.

El dominio de los espacios vacíos, unido a la técnica de la pincelada única, daría lugar a este tipo de dibujo desinhibido propio de la estética zen que en Japón perduraría hasta la época actual y que tanta influencia tendría en los movimientos de vanguardia en Occidente y de los cuales Zobel es, en España, un excelente ejemplo."

La sabiduría como estética. China: confucionismo, taoísmo y budismo. Chantal Maillard