Expresar el vacío

"El Tao, sin hacer nada, nada deja por hacer, dice el Tao Te Ching. En el vacío del Tao está su eficacia. El vacío ocupa las formas, les da vida. Del uno (soplo primordial), sale el dos: el yin (fuerza receptiva) y el yang (fuerza activa); y entre el yin y el yang actúa el tres: el soplo o vacío mediador que procede del Vacío original (Cheng, F., 1991, 59) y que pone a los opuestos en movimiento dando lugar a los 10.000 seres. Este vacío mediador mantiene a los seres en relación con el vacío supremo, y este vacío es la ley del universo.

La vacuidad mental, que constituye una de las metas intermedias del camino budista, no es más que uno de los requisitos preliminares para el fin que pretende alcanzar el taoísta: captar la ley del Tao significa comprender la armonía entre los opuestos, sus oscilaciones y la acción del vacío en lo que aparece y se percibe como opaco, lleno. Es cuestión, ante todo, por tanto, de equilibrio, y esto es lo que el artista tratará de plasmar. El Tao tiene multitud de espíritus y desciende en las cosas como descienden los ríos por las colinas. Las venas del dragón recorren el universo. El Tao, dice Pu Yen-t'u (dinastía Tsing; ref. Cheng, F. 1991, 86) es un dragón en el cielo; un dragón que siempre se oculta tras las nubes o en la niebla pues, si se mostrase en su desnudez, carecería de misterio. Su infinito poder de fascinación reside en ese doble aspecto visible-invisible. Por ello, sigue diciendo Pu Yen-t'u, el paisaje debe combinar siempre lo visible con lo invisible."

La sabiduría como estética. China: confucianismo, taoísmo y budismo. Chantal Maillard